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Mundial de fútbol no ha favorecido la imagen turística de Qatar

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Ser sede de una Copa Mundial de la FIFA pone al país anfitrión en el centro de todos los focos. Habitualmente esto es beneficioso, porque —además de acoger a las grandes estrellas del fútbol y de recibir decenas de miles de aficionados— amplía el conocimiento que tienen el resto de ciudadanos del mundo de ese destino y de los atractivos con los que cuenta, impulsando a largo plazo el turismo. No obstante, la sobreexposición mediática también saca a relucir las carencias y defectos del país, como es el caso de lo que está ocurriendo con Qatar, que acoge el Mundial de 2022.

Si bien muchos han criticado las alteraciones que supone para el calendario deportivo —esta es la primera vez que se paraliza una temporada competitiva y se disputa el torneo en invierno—, lo cierto es que la lista de inconvenientes era más larga: violaciones de derechos humanos y laborales, carencia de infraestructuras turísticas, falta de tradición futbolística, etc. La acumulación de todo ello ha creado un caldo de cultivo que apunta a que las cifras de visitantes que moverá este mundial estará muy por debajo de lo habitual.

Derechos humanos, derechos laborales y sostenibilidad

La polémica ya rodeaba a Qatar mucho antes de que el balón se pusiese en juego en el partido inaugural que enfrentó a la selección local contra Ecuador el pasado domingo 20 de noviembre. Y es que según diversas fuentes, como el diario británico The Guardian o la Fundación para la Democracia Internacional, más de 6.500 trabajadores han fallecido durante las obras de construcción de los estadios. La mayoría de ellos eran provenientes de India, Pakistán, Nepal, Bangladés y Sri Lanka, que trabajaban hasta 60 horas semanales por un salario mensual por debajo de los 190 euros, y todo ello soportando temperaturas que rozaban los 50º.

Este no es el único debate en torno a los derechos humanos. Muchas son las voces que han acusado a la FIFA de blanquear con este evento a un gobierno que viola los derechos fundamentales de las mujeres y del colectivo LGTBIQ+. Cabe recordar que la homosexualidad es ilegal en Qatar y está castigada con penas de prisión, es más, este mensaje se ha recordado desde la propia organización del Mundial. Si bien al principio desde la organización tenían un mensaje más tibio —recomendaban no mostrar afecto en público—; más recientemente, el exjugador y embajador de la competición, Khalid Salman, calificó la homosexualidad como «enfermedad mental» en una entrevista en la televisión alemana ZDF.

Todo ello ha levantado protestas en selecciones como Alemania, Bélgica, Dinamarca, Francia, Gales, Inglaterra, Noruega, Países Bajos o Suiza. Algunas de ellas intentaron llevar en sus camisetas el lema «Derechos Humanos», algo que les fue prohibido por parte de la FIFA. Además, La organización futbolística también ha logrado frenar los intentos de portar un brazalete con la bandera arcoíris, amenazando a los jugadores con una tarjeta amarilla, algo que podría llegar a condicionar la competición.

Aunque con una dimensión menos mediática, la sostenibilidad del evento también ha sido puesta en duda. Pese a que desde la organización se ha afirmado que será el primer Mundial con huella de carbono 0, un informe de Carbon Market Watch cuestiona dicha afirmación y esgrime que se están subestimando los niveles reales de emisiones y el impacto climático del torneo, considerando que se está engañando a jugadores, fans, patrocinadores y público en general. Está previsto que el evento genera 3,6 millones de toneladas de CO₂, una cifra que supera los 2,1 millones de Rusia 2018.

Problemas de ocupación hotelera

Hay otros aspectos que también han marcado negativamente a la cita mundialista, siendo uno de los más relevantes la limitada capacidad hotelera del país. Las previsiones apuntan a que la nación recibirá más de 1,2 millones de visitantes apasionados del fútbol, pero solo cuenta con 300 hoteles (31.000 habitaciones) para darles cobijo. Por ello se han buscado alternativas como la utilización de cruceros como hoteles flotantes, la instalación de tiendas de campaña y contenedores en el desierto o se ha animado a la población local a alquilar sus apartamentos. Con todo ello han logrado alcanzar las 130.000 habitaciones.

La escasez de oferta hotelera se ha traducido en dos fenómenos que disgustan a fans por partes iguales: precios estratosféricos (que parten desde los 200 euros la noche y alcanzan cifras por encima de los 5.000) y alojamientos improvisados que no cumplen con los estándares esperados por los visitantes.

La «guerra de la birra»

Aunque sea mucho más trivial que otros aspectos tratados, la guinda del pastel que genera descontento entre los aficionados que se han lanzado a visitar Qatar es la larga lista de prohibiciones —como fotografiar edificios gubernamentales o mirar a los ojos a las mujeres—, pero especialmente molesta lo que concierne a la cerveza. Y es que no se podrá adquirir ‘birra’ en los estadios o en sus aledaños, algo que choca de lleno no solo con las costumbres occidentales.

De hecho, solo está permitido consumir alcohol en los hoteles internacionales y en las fan villages que albergan las capas y casetas de alojamiento provisionales. No obstante, el coste no es apto para todos los bolsillos (con precios por encima de los 13 euros por el medio litro de cerveza) y las colas de hasta una hora para comprarla son desalentadoras.

Menos visitantes

Todos estos condicionantes hacen que el número de visitantes que recibirá Qatar durante este Mundial, quedará muy lejos de la edición anterior. Si Rusia recibió a 2,9 millones de turistas extranjeros —800.000 de ellos con entradas para ver partidos—, está previsto que lleguen al país del Golfo 1,2 millones.

Esta escasez de aficionados ya se ha hecho notar en las cuentas oficiales en redes sociales que, unos pocos días antes de que arrancase la competición, compartió vídeos de las hinchadas de Argentina, Brasil, España y Francia que desataron la chanza. Si bien en dicha publicación se daba a entender que eran fans recién llegados al país, lo cierto es que parecían ciudadanos locales que habían sido organizados para interpretar su papel.

También es de esperar que tenga menos repercusión a nivel global, ya que desde muchos bares —lugar tradicional de reunión para seguir este tipo de eventos con amigos— se ha anunciado un que renuncian a la difusión del mismo, este es el caso de la Cafetería Lar Botánico de Valencia.

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