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La voz del bicentenario por Juan Carlos Romaní [Artículo]

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19 de julio de 1821 – 2022

201 años de la amenaza de muerte al pueblo iqueño (Primera parte)

El 19 de julio de 1821 circuló un documento que amenazaba de muerte, una vez más, a los habitantes del valle de Ica; documento firmado por uno de los más crueles y sanguinarios oficiales españoles del Ejército Real del Perú, el teniente coronel Juan de Santalla.

La resistencia patriota frente al español Juan de Santalla, el tirano gobernador de Ica, en julio de 1821

En esa misma fecha, 19 de julio de 1821, el general don José de San Martín ultimaba los detalles para la proclamación de la independencia del Perú; vale decir, preparaba la proclamación de la independencia de la ciudad de Lima y de la costa norte del Perú. El resto del país, la costa sur, la sierra y la selva, permanecían bajo dominio español. Los “pueblos libres”, que proclamaron su independencia -con el coronel patriota Arenales- desde los meses de setiembre a diciembre de 1820, volvieron a ser recapturados por las huestes del virrey La Serna, con sangrientas represalias, durante el primer semestre del año 1821. El historiador peruano, Dr. Germán Leguía y Martínez, nacido en Lambayeque, ciudad Benemérita a la Patria, rescató del olvido la gesta heroica, la acción patriótica del pueblo iqueño, en su portentosa obra “Historia de la Emancipación: el Protectorado”, de la cual hemos extraído las siguientes líneas: 

La crueldad de Juan de Santalla, oficial español, gobernador y comandante militar de Ica

“Gobernador y comandante militar, por los realistas, de aquella rica faja del litoral, era a la sazón el teniente coronel español Juan de Santalla, hombre de antecedentes tenebrosos; especie de Tenteboco colosal y forzudo; malvado, abusivo y cruel; manchado de deslealtad para con su propia causa, como que era aquel mismo Santalla que, hallándose en los castillos del Callao, entró en traidoras inteligencias con los agentes de San Martín. Era tal sujeto odiado en toda la comarca por las atrocidades que con sus habitantes había cometido; y basta, para explicarse la aversión que donde quiera se le profesaba, recordar uno de los bandos o decretos que expidió, monumento convincente por sí mismo, sin necesidad de más alegaciones, y que decía:

“Comandancia general del sur. – Los habitantes de este valle, dentro del perentorio y preciso término de cuatro horas, presentarán en casa del Señor Marques de Campo-ameno, tres cientos caballos y mulas suyas, tomándolas de cualquiera persona que las tenga, sin excepción alguna, en inteligencia que, no verificándolo dentro de dicho término, serán irremisiblemente pasados por las armas, quemadas y taladas sus haciendas, y pasadas a cuchillo sus familias.

Juan de Santalla

Ica, a las 10 de la mañana de hoy 19 de julio de 1821.

Al señor don Fulgencio Guerrero.

Para que “el público no dudase de la veracidad” de acto oficial tan inaudito, parto diabólico de aquél energúmeno, la Gaceta del gobierno independiente de Lima lo exhibió original en sus talleres por espacio de ocho días. John Miller (hermano del general y redactor de las Memorias de este, con audiencias de sus relatos y en vista de sus apuntes) inserta ciertos detalles y traza algunas enérgicas líneas sobre el carácter de aquel furibundo godo, “como prueba de los males a que los peruanos estaban expuestos, cuando la vara de hierro estuvo confiada a las manos inexorables de un cobarde (como este) sin principios”; y, refiriéndose al úkase trascrito en el párrafo antecedente, narra así:

“Muchos propietarios residían en sus haciendas y estaban a tal distancia de la ciudad que era imposible que cumplieran con el requerimiento de Santalla en el término que se les prefijaba; pero tantos patriotas habían sido condenados a muerte; tantas mujeres habían sido violadas por Santalla y su gente; tantos ancianos y aun niños, habían sido con despojo y encarcelamiento, que no deja duda de que habría llevado a efecto su feroz amenaza; y de hecho dio un paso para probar que se hallaba dispuesto a hacerlo. El alcalde Zorrillo (Zorrilla) ciudadano rico y respetable, había ocultado un hermoso caballo suyo que estimaba infinito. Santalla lo descubrió, e inmediatamente dispuso lo prendiesen y llevasen para ser fusilado, a la plaza, en donde de antemano había fijado el banquillo para sacrificar a sus víctimas; pero a cada instante llegaban nuevas noticias de la proximidad de los enemigos que habían salido de Pisco en su busca; por otra parte, los habitantes, ya reunidos para salvar por la fuerza a su alcalde si era necesario, aumentaban en número y daban signos de sus intentos. Confundido Santalla con la idea de los peligros que le cercaban, sacrificó la venganza a su miedo y huyó para atender a su seguridad personal”. Los escritores españoles no niegan, sino confirman, aunque con rodeos y eufemismos, los infinitos atentados de su execrable compatriota; y así García Camba insinúa que estos últimos constituyeron el mejor aliado del jefe independiente, cuando dice que este obró auxiliado de las muchas malas voluntades que Santalla se había, desgraciadamente, granjeado en la provincia (13).

Ica, Perú, 20 de julio del 2020

Juan Carlos Romaní Chacón

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