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En el país del Pisco… Leyendas del campo [Artículo]

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Una de las fases más importantes del cultivo de la vid ocurre después de la cosecha. Los viñedos pasan por lo que llamamos el “reposo vegetativo”; la parra pierde sus hojas y solo queda la parte leñosa. Esa fase ocurre todos los años, desde el otoño en los meses de marzo, abril y mayo; y todo el invierno de junio, julio y agosto. El aspecto de la planta es tronco, brazos y sarmientos. Solo en la parte leñosa no hay estructura verde, debido a la temperatura del suelo.

Durante esos meses en Ica, el clima fluctúa entre 7°C a 13°C; no hay absorción de nutrientes del suelo por parte de las raíces, lo que llamamos el reposo o dormancia de la vid. A partir del mes de julio se inicia la poda de los viñedos. Esto es importante porque al reducir el número y la longitud de los sarmientos (ramas) se producirán menos racimos, permitiendo engrosar los sarmientos y mejorando la calidad de lo que se produzca en los viñedos. Al final, la poda alarga la vida de la vid y asegura la cosecha año tras año.

A propósito de la poda recordé un texto que escribí para la revista digital del Pisco, es sobre una leyenda del campo muy antigua que me contaron trabajadores en uno de los Fundos en la pampa de Villacurí-Ica. Dice así: Todos los años los vecinos José y Mario competían por ver quién obtenía la mayor cosecha de uva en Ica. Los dos eran muy buenos agricultores dedicados con cariño y pasión a sembrar sus parras, pero un día del mes de Julio, al llegar José a sus viñedos, se encontró con que las hojas de sus parras habían terminado siendo el alimento de su burro “Jacinto”. Se enfureció tanto José que lo persiguió con el látigo por todo el campo, “le dio como a hijo ajeno, se decía por ahí.” Mientras tanto, Mario observaba, hasta que en un momento le comentó a José: “Tú te has olvidado de cercar tu campo, por eso Jacinto y los animales de los vecinos se meten, tienes que cercarlo.” José asintió con la mirada, pero quedó fastidiado ante el desastre.

Pasaron las semanas, llego la primavera y como todos los días José fue temprano a trabajar a su viñedo. Al llegar se quedó de una pieza, no podía creer lo que estaba viendo. Sus parras habían brotado con una fuerza nunca vista, estaban cargadas de racimos de uva. Se puso a comparar su campo con el de su vecino Mario y a pesar de los destrozos de Jacinto estaba esplendoroso, se preguntaba ¿Cómo era posible? ¿Qué había ocurrido? Simple, el burro Jacinto les había enseñado un secreto de la naturaleza no descubierto hasta ese entonces: “la poda de la parra”. A partir de ese momento la poda pasó a ser una de las fases más importantes en el manejo de la vid. Ese año José y Mario celebraron la vendimia y el descubrimiento con una gran fiesta.

¡Hasta la próxima!

Livio Pastorino W.
Sommelier Especialista y Catador de Pisco

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