Lecturas para la cuarentena

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Los autores recomiendan lecturas para entender la pandemia del coronavirus y sobrellevar el confinamiento global.

1.- Mario Vargas Llosa

La montaña mágica. Thomas Mann. Dado que serán unas tres o cuatro semanas de encierro, es el momento de leer los grandes libros, que además son libros grandes. La montaña mágica, de Thomas Mann, el Ulises, de James Joyce, o En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust. Hay que aprovechar porque nos van a producir un infinito plan.

2.- Rachel Kushner

No es país para viejos. Cormac McCarthy. No elijo este libro porque lo recomiende, sino porque ayer me lo leí de una sentada. Cormac es comida casera. Voy a sus libros en busca de una lectura reconfortante y familiar, lo cual no deja de ser gracioso, porque su literatura no es de las que ofrecen consuelo. El viejo Sherriff Bell dice esto, hacia el final del libro: “Arreglas lo que puedes arreglar y dejas pasar el resto. Porque si no hay nada que hacer, ni siquiera es un problema. Es solo un agravante”. Aplicado a la situación actual: yo no puedo solucionar esta pandemia, una tragedia histórica que se esparce por el mundo. Puedo hacer mi parte, adaptar mi vida y aislarme para ralentizar que se extienda, pero, de acuerdo, con lo establecido por McCarthy, no es realmente un problema. Es un agravante. Aunque me asuste, y con buen motivo. Aunque mate a millones y arruine la economía. Lo que tenemos que hacer es asumirlo e intentar encontrar una manera de ser positivos, tiernos, cuidadosos y atentos. Y, finalmente, de explotar los gozos de la vida que aún estén a nuestro alcance.

3.- Javier Cercas

Zama, de Antonio di Benedetto. Esta novela se publicó en Mendoza, Argentina, en 1956, al año siguiente de Pedro Páramo; pero para mí, que no la he leído hasta hace poco -gracias a un ensayo de Emiliano Monge y otro de John M. Coetzee-, ha sido una de las grandes sorpresas de los últimos tiempos. Me parece, sencillamente, una de las mejores novelas escritas en castellano durante el siglo pasado -a la altura de la propia Pedro Páramo, sin ir más lejos- y no sé a qué atribuir el hecho de que no haya tenido todavía los lectores que merece. Aunque Di Benedetto es también autor de otras novelas y relatos, algunos de ellos excelentes -sobre todo, los relatos-, dudo que nada de lo que publicó esté a la altura de esta novela. Era muy difícil. Cyril Connolly escribió que el verdadero deber de un escritor consiste en producir una obra maestra. En Zama, Di Benedetto ya cumplió con él.

4.- Elena Poniatowska

Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón. Albalucía Ángel. Desde luego sería un error y un pésimo consejo recomendar La peste, de Albert Camus, leída hace más de 60 años ahora que también en México estamos encerrados y ni siquiera mis dos gatos -Monsi y Vais- salen a la puerta ni para asomarse a la calle. ¡Aunque los periodistas seguimos al pie del cañón! Yo aprovecharía para recomendar a todas las escritoras mujeres: desde Marguerite Yourcenar hasta a una colombiana, Albalucía Ángel, autora de Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón, amiga de García Márquez y de quién no tengo noticias hace mucho y extraño también mucho.

5.- Sergio Ramirez

Beloved. Toni Morrison. He terminado una segunda vuelta de Beloved, la misteriosa y tan fascinante novela de Toni Morrison, donde el mundo de los esclavos negros se vuelve un asunto íntimo y a la vez mágico. Una casa encantada en Ohio adonde una hija regresa de la muerte a cobrar cuentas de amor a la madre que fue capaz de matarla por dignidad y orgullo, para salvarla de la servidumbre; y las protagonistas son las mujeres, que todo lo desafían, y son ellas mismas la libertad.

6.- Beatriz Sarlo

Poesía. Mallarmé. Una larga novela del siglo XIX: Anna Karenina de Tolstoi o Los miserables de Victor Hugo. Quizás releer una vez más los diálogos perfectamente irónicos de Raymond Chandler. Atrapados en la ficción, nos olvidaremos del mundo por un rato. Pero yo apostaría más bien a escritores arduos, que nos hayan derrotado varias veces. Para concentrarse, nada mejor que un trabajo difícil: Mallarmé, por ejemplo, de quien abundan originales y traducciones en la web. ¿Por qué no tomar riesgos estéticos en el momento en que huimos de los riesgos pandémicos? Un golpe de audacia puede abolir el tedio.

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